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Las campañas de marketing, el merchandising y los resultados de taquilla de la octava aventura oficial de James Bond

Para asegurar que el público se percatara de que Roger Moore era ahora el James Bond del momento, junto a la película se llevó a cabo una campaña de relaciones públicas relámpago. Al contrario de Sean Connery, Roger Moore hizo entusiasmado la gira internacional, explicando anécdotas juguetonamente y ganándose las audiencias con su sentido del humor único.

Se llevaron a cabo grandes campañas publicitarias con los botes Glastron y los motores Evinrude (apareciendo pósters que actualmente son objeto de colección). En Inglaterra, Schick realizó una campaña publicitaria para enfatizar que eran la navaja de afeitar elegida por 007. Jane Seymour y Gloria Hendry aparecieron en un prominente artículo de Playboy dedicado a la película.

Para la campaña de pósters, Moore fue dibujado en la posición típica de Connery en la que cruza su pistola por encima del pecho. Las imágenes dibujadas enfatizaban de forma importante el tema del ocultismo y las cartas del tarot, lo cual es especialmente importante en la película. Las cartas, diseñadas por el joven Escocés Fergus Hall especialmente para la película, fueron suficientemente impresionantes para ser vendidas como juego de consumo en una caja de 007 junto con el libro titulado "El libro del tarot James Bond 007".

Otro merchandising incluía un póster inglés de Roger Moore en acción producido por Scandecor, un juego de diapositivas 3-D, un 'James Bond Super Action Set' de Lone Star Toys de Inglaterra que incluía una pistola, una walkie-talkie, una granada, y otras 'necesidades' para espías jóvenes, el 'Diario James Bond de Roger Moore' con anotaciones del día a día del actor durante el rodaje de la película (aunque la edición Inglesa inexplicablemente no contiene la fascinante introducción que se puede encontrar en la Americana), y el folleto típico vendido en los cines ingleses.

Cualquier duda sobre la aceptación del público de Roger Moore como James Bond se erradicó rápidamente cuando los beneficios de taquilla internacionales superaron a los de Diamantes para la eternidad con 161 millones de dólares. Broccoli y Saltzman podían respirar con tranquilidad. Tras años de muchas controversias públicas con Lazenby y Connery, ahora tenían un actor al que no sólo le gustaba el papel sinó que además era aceptado por el público - aunque no por los críticos, que predeciblemente compararon a Moore de forma desfavorable con su predecesor. Para crédito de Moore, éste seguiría interpretando su versión propia del personaje.

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